En el amanecer del dolor de hormigas
parecería como si nunca se acabaran los camiones de helados
y tanto los millones como una alcayata,
que ya sabemos que miran al dedo y bla bla bla,
que ya sabemos que transitan las mismas veredas y bla bla bla,
que ya sabemos que la cara oculta de la
coño
mira
un