Quisiera ser meteorólogo de terremotos
para que todos los planetas compartieran
sus millones de explosiones de primavera
y así abrir las flores de tus ojos.
Quisiera ser maestro de obviedades
para que nadie se quedara sin su telescopio
y que al caer la tarde los ríos de ronmiel dieran
conciertos en las plazas de tus vacíos neuróticos.
jueves, 7 de junio de 2012
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